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Acusar a Raúl Castro y negociar con Xi: el doble juego de Trump que pone a Cuba en la encrucijada

La Redacción9 min de lectura0 visitas
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Acusar a Raúl Castro y negociar con Xi: el doble juego de Trump que pone a Cuba en la encrucijada

Mientras Trump regresaba de Pekín con promesas de aviones Boeing y soja, el Departamento de Justicia preparaba una acusación criminal contra Raúl Castro por el derribo de los aviones de Brothers to the Rescue en 1996. Expertos legales advierten: podría ser el preludio de una operación militar al estilo Venezuela.

Mientras Donald Trump volaba de regreso a Washington desde Pekín el viernes, con promesas de aviones Boeing y soja en el bolsillo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos preparaba en silencio la noticia que más ha sacudido al régimen cubano en décadas: una acusación criminal contra Raúl Castro, el patriarca de 94 años de la familia que ha gobernado Cuba durante 65 años, por haber ordenado el derribo de dos aviones civiles desarmados de la organización humanitaria Brothers to the Rescue en 1996. Cuatro personas murieron en ese ataque. Tres eran ciudadanos estadounidenses.

La coincidencia de fechas no es casual. Trump regresa de China con acuerdos comerciales parciales y sin avances en Irán ni Taiwán. Y al mismo tiempo, la maquinaria legal de Washington apunta directamente al corazón del poder militar cubano. Para los analistas que siguen de cerca la política exterior de Trump, el mensaje es claro: la cumbre con Xi fue para gestionar a las grandes potencias; la acusación contra Raúl Castro es para cambiar el régimen en La Habana.

Lo que Trump trajo de Pekín: mucho ruido, pocos acuerdos concretos

Según la Agencia Associated Press y China Briefing, los resultados anunciados por funcionarios estadounidenses incluyen: un acuerdo para que China compre 200 aviones Boeing —con posibilidad de llegar a 750—, una compra de "miles de millones de dólares" en soja, y el establecimiento de dos nuevos consejos bilaterales de comercio e inversión. Trump también anunció que reduciría los aranceles a China del 20% al 10% a cambio de que Pekín suspenda por un año sus restricciones a las exportaciones de tierras raras.

Sin embargo, hay un problema fundamental: China no confirmó ninguno de estos anuncios. El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, cuando fue preguntado sobre los 200 aviones Boeing, respondió simplemente que "las relaciones económicas y comerciales entre China y Estados Unidos son mutuamente beneficiosas por naturaleza". No dijo ni sí ni no.

El asesor comercial de Trump, Jamieson Greer, fue más cauteloso que el propio presidente. Cuando le preguntaron si la tregua arancelaria —que vence en noviembre de 2026— sería extendida, respondió: "Ya veremos". Y señaló que las investigaciones bajo la Sección 301 —que podrían desencadenar una nueva guerra arancelaria— producirán resultados en las próximas semanas.

El patrón es conocido: Trump llega a Pekín con una lista de deseos, regresa con promesas verbales, y China cumple lo que le conviene y olvida el resto. Durante el primer mandato de Trump, China prometió compras masivas de productos agrícolas estadounidenses en el acuerdo de "Fase 1" de 2020. Cumplió aproximadamente el 58% de lo prometido.

El silencio de Trump sobre Taiwán: una señal que heló a Taipéi

Uno de los momentos más reveladores de la cumbre no fue lo que Trump dijo, sino lo que no dijo. Durante toda su estancia en Pekín, Trump no mencionó a Taiwán públicamente ni una sola vez, a pesar de que Xi le dijo directamente que Taiwán es "el asunto más importante" en la relación entre los dos países.

Fue solo al abordar el Air Force One de regreso cuando Trump, presionado por periodistas, admitió que aún no había tomado una decisión sobre si proceder con la venta de armas a Taiwán por valor de 11.000 millones de dólares que su administración había autorizado en diciembre. "Escuché a Xi", dijo Trump. "Pero no hice ningún comentario."

Luego añadió algo que heló la sangre en Taipéi: "Lo último que necesitamos ahora mismo es una guerra a 9.500 millas de distancia." La frase fue interpretada en toda Asia como una señal de que Trump está dispuesto a usar Taiwán como ficha de negociación con China, en lugar de tratarla como un compromiso de seguridad inamovible.

Putin llega a Pekín tres días después: el eje que no se rompe

Mientras Trump volaba de regreso a Washington, el Kremlin anunció que Vladimir Putin visitará China del 19 al 20 de mayo —apenas tres días después de que Trump abandonara Pekín. El objetivo declarado: "fortalecer aún más la asociación estratégica integral" entre Moscú y Pekín.

El momento no es accidental. Xi Jinping acaba de escuchar las demandas de Trump. Ahora recibirá a Putin para coordinar la respuesta del eje autoritario. China es el mayor socio comercial de Rusia y ha sido el principal sostén económico de Moscú desde que Occidente impuso sanciones tras la invasión de Ucrania. Empresas chinas han suministrado componentes críticos para la producción de drones rusos —enviados como "unidades de refrigeración industrial" para evadir los controles de exportación.

La visita de Putin a Pekín es un recordatorio de que el eje Moscú-Pekín no solo sobrevive a la diplomacia de Trump: se fortalece con ella. Cada vez que Trump se reúne con Xi y le ofrece concesiones comerciales o silencio sobre Taiwán, Xi puede presentarlo ante Putin como evidencia de que la estrategia de desgaste funciona. Y Cuba, que depende de ese eje para sobrevivir, observa con atención.

La acusación contra Raúl Castro: ¿justicia tardía o preludio de invasión?

Y aquí es donde la historia del 16 de mayo da un giro que nadie esperaba. Mientras Trump negociaba en Pekín y Putin preparaba su visita a China, el Departamento de Justicia de Estados Unidos estaba preparando la acusación más explosiva desde la captura de Maduro: cargos criminales contra Raúl Castro.

La acusación, reportada por AP, NBC News y USA TODAY, se basa en el derribo de dos aviones civiles desarmados de Brothers to the Rescue el 24 de febrero de 1996. Los aviones, que volaban sobre aguas internacionales realizando labores humanitarias de búsqueda de balseros cubanos, fueron derribados por cazas de la Fuerza Aérea cubana. Cuatro personas murieron: Mario de la Peña, Armando Alejandre Jr., Carlos Costa y Pablo Morales. Tres eran ciudadanos estadounidenses.

El propio Raúl Castro, que era jefe de las Fuerzas Armadas en ese momento, describió en grabaciones de audio obtenidas por el Miami Herald en 2006 cómo planeó con oficiales militares el derribo de los aviones. La Organización de Aviación Civil Internacional de la ONU determinó que los aviones estaban en espacio aéreo internacional y que el ataque fue ilegal.

Pero lo que convierte esta acusación en una noticia de primer orden no es el crimen de 1996 —que es real y merece justicia— sino lo que podría significar para el futuro inmediato de Cuba. Expertos legales consultados por USA TODAY son directos: esto podría ser exactamente lo mismo que ocurrió con Venezuela.

"Si yo fuera el gobierno cubano, estaría muy preocupado, dado todo lo que Trump ha dicho, de que esto fuera una hoja de parra para cubrir una invasión inminente", dijo Mitchell Epner, ex fiscal federal. "Creo que van a acusar a Raúl Castro y luego lo van a capturar o usar eso como forma de obligar un cambio de régimen", añadió Dave Aronberg, ex fiscal del estado de Florida.

El paralelo con Venezuela es ineludible. Trump acusó criminalmente a Nicolás Maduro, luego envió tropas a Venezuela en enero de 2026 para capturarlo. Maduro está actualmente en custodia estadounidense, argumentando en los tribunales que su captura fue ilegal. Cuba podría ser el siguiente capítulo de ese mismo guión.

Raúl Castro, a diferencia de Maduro, tiene una posición legal más débil. Maduro puede argumentar que era el jefe de estado en funciones y que goza de inmunidad. Castro lleva años fuera del poder formal, aunque sigue siendo el patriarca político de la familia que controla la isla. "Sus abogados defensores tendrían dificultades para lograr su liberación porque tiene menos base legal para reclamar inmunidad", señaló Aronberg.

La respuesta de Cuba: entre el desafío y el miedo

El régimen de Díaz-Canel ha respondido con la retórica de siempre: Cuba es "una nación libre, independiente y soberana. Nadie nos dice qué hacer." Pero detrás de esa bravuconería, hay señales de que La Habana está genuinamente asustada.

La isla lleva meses bajo una presión sin precedentes. Trump impuso un bloqueo de facto al combustible cubano, lo que ha generado apagones de hasta 20 horas diarias. El director de la CIA, John Ratcliffe, visitó La Habana la semana pasada y entregó un ultimátum directo a los líderes del régimen. El gobierno de Estados Unidos ha declarado que "Cuba debe ser libre antes de finales de 2026". Y ahora se prepara una acusación criminal contra el hombre que es, en muchos sentidos, el símbolo del poder militar cubano.

El régimen está apostando a que Trump tiene demasiados frentes abiertos —Irán, Taiwán, Ucrania, la economía doméstica— para concentrarse en Cuba. Es una apuesta razonable. Pero también es una apuesta peligrosa, porque Trump ha demostrado que puede actuar con rapidez y decisión cuando lo considera necesario, como ocurrió con Venezuela.

El doble juego: negociar con Xi, presionar a Cuba

Lo que hace única la situación del 16 de mayo es la simultaneidad de dos movimientos aparentemente contradictorios: Trump negocia con Xi —el principal aliado económico de Cuba— y al mismo tiempo prepara la acusación criminal que podría ser el preludio de una operación militar en La Habana.

¿Cómo se explica esa contradicción? La respuesta está en la lógica transaccional de Trump. En Pekín, Trump le ofreció a Xi estabilidad comercial, silencio sobre Taiwán y la promesa de una visita de estado en septiembre. A cambio, no pidió que China abandone a Cuba —eso sería pedir demasiado— pero sí dejó claro que la presión sobre La Habana continuará independientemente de lo que China haga.

Es el mismo enfoque que Trump usó con Venezuela: no le pidió a China que abandonara a Maduro antes de actuar, simplemente actuó. Y China, que no quiere una confrontación directa con Washington sobre un país periférico como Cuba o Venezuela, no intervino.

La pregunta que se hacen ahora los analistas es si Xi Jinping, que acaba de recibir a Trump con honores y que recibirá a Putin en tres días, tiene algún incentivo para defender activamente a Raúl Castro si Estados Unidos decide actuar. La respuesta, basada en el precedente venezolano, es probablemente no.

Lo que todo esto significa para los cubanos

Para los cubanos en la isla y en el exilio, la semana del 12 al 16 de mayo de 2026 será recordada como un punto de inflexión. No porque se haya resuelto nada —la crisis energética sigue, el régimen sigue en el poder, la represión continúa— sino porque por primera vez en décadas, la maquinaria legal y militar de Estados Unidos está apuntando directamente hacia los responsables del sistema que ha mantenido a Cuba en la miseria durante 65 años.

La acusación contra Raúl Castro no es solo un acto de justicia tardía para las familias de las víctimas de Brothers to the Rescue. Es una señal de que Washington está dispuesto a usar todas las herramientas disponibles —sanciones, presión económica, acusaciones criminales y, potencialmente, fuerza militar— para cambiar el régimen en La Habana.

La cumbre Trump-Xi no produjo un acuerdo sobre Cuba. China no va a presionar a La Habana para que libere a sus presos políticos ni para que celebre elecciones libres. Pero la cumbre sí confirmó algo importante: Trump está dispuesto a negociar con China en términos de China —comercio, tierras raras, incluso Taiwán— mientras mantiene la presión máxima sobre los aliados más débiles del eje autoritario.

El régimen de Díaz-Canel sobrevivió a Obama, a Trump I, a Biden y a los primeros meses de Trump II. Pero nunca antes había enfrentado simultáneamente un bloqueo de combustible, una visita de la CIA, la amenaza de acusación criminal de su patriarca y la posibilidad real de una operación militar al estilo Venezuela. El tiempo se acaba. Y la cumbre de Pekín, lejos de aliviar esa presión, la ha dejado intacta.

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La Redacción

Periodista y colaborador de Cuba, la libertad avanza, medio independiente dedicado a informar sobre la realidad cubana con rigor y compromiso con la libertad.

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Publicado el 16 de mayo de 2026 por La Redacción