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La cumbre de las dos versiones: Trump dice que Xi prometió todo, China no confirmó nada

Redacción CubaHoy8 min de lectura0 visitas
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La cumbre de las dos versiones: Trump dice que Xi prometió todo, China no confirmó nada

Trump anunció 200 Boeing, petróleo americano, el Estrecho abierto y mediación en Irán. China no confirmó ninguna de esas promesas. Ni Boeing tampoco. Esta es la historia de la cumbre de Pekín que nadie está contando.

Cuando Donald Trump abordó el Air Force One en el aeropuerto de Pekín el viernes por la tarde, lo hizo con una sonrisa amplia y una lista de victorias que recitó ante los periodistas como si leyera un menú de restaurante de lujo: 200 aviones Boeing, toneladas de soja, petróleo americano, el Estrecho de Ormuz abierto, China dispuesta a mediar en Irán. "Hicimos acuerdos fantásticos", dijo Trump. "Fue un viaje increíble." Pero mientras el presidente estadounidense despegaba rumbo a Washington, la cancillería china publicó su propio comunicado sobre la cumbre. Y en ese comunicado, ninguna de esas promesas aparecía.

Esta es la historia de la cumbre de Pekín del 13 al 15 de mayo de 2026: dos líderes, dos versiones, y un mundo que no sabe cuál creer.

Lo que Trump dijo que acordaron

Según el presidente estadounidense y el comunicado de la Casa Blanca, la cumbre con Xi Jinping produjo los siguientes resultados: China compraría 200 aviones Boeing —con motores GE Aerospace incluidos— y potencialmente hasta 750 si "hacen un buen trabajo"; China adquiriría miles de millones de dólares en soja, petróleo y gas natural licuado americanos; ambos líderes acordaron que Irán nunca podrá tener un arma nuclear; Xi se opuso explícitamente a cobrar peajes en el Estrecho de Ormuz y expresó interés en comprar más petróleo americano para reducir la dependencia de China del Estrecho; y Xi ofreció mediar para poner fin a la guerra con Irán.

Trump describió a Xi como "un gran líder" y "un amigo cálido", dijo que fue "un honor" estar con él, y prometió que tendrían "un futuro fantástico juntos". En una entrevista con Fox News grabada desde el avión presidencial, el mandatario fue más lejos: "Creo que el presidente Xi y yo somos muy similares en Irán. Queremos lo mismo."

Si todo lo que Trump describió fuera cierto, sería el acuerdo bilateral más significativo entre Estados Unidos y China en décadas.

Lo que China confirmó

El Ministerio de Relaciones Exteriores de China publicó su propio comunicado horas después de que Trump partiera. En él, Wang Yi describió la creación de dos nuevos consejos bilaterales —uno de comercio y uno de inversión— para "abordar las preocupaciones de cada parte sobre el acceso a los mercados agrícolas" y "promover el comercio expandido bajo un marco de reducciones arancelarias recíprocas". Eso es todo en materia comercial. No hay mención de Boeing. No hay mención de soja ni de petróleo. No hay mención de ninguna cifra.

Sobre Irán, el comunicado chino no dice que Irán nunca podrá tener un arma nuclear. En cambio, dice que "este conflicto, que nunca debería haber ocurrido, no tiene razón para continuar", y llama a "un arreglo político que tome en cuenta las preocupaciones de todas las partes". Una fórmula diplomática que no compromete a China con ninguna posición específica sobre el programa nuclear iraní.

Sobre el Estrecho de Ormuz, el comunicado chino no menciona los peajes, no menciona la militarización del estrecho, y no menciona ningún interés en comprar petróleo americano para reducir la dependencia de China del Estrecho. Todos esos elementos aparecen en el comunicado de la Casa Blanca. Ninguno aparece en el de Pekín.

Sobre Taiwán, el comunicado chino dice que Xi "advirtió" a Trump que si el tema de Taiwán "se maneja mal", los dos países podrían terminar en "choques e incluso conflictos". Trump, por su parte, no dijo nada sobre Taiwán mientras estuvo en suelo chino. Pero al abordar el avión, cuando los periodistas le preguntaron si procedería con el paquete de armas de 11.000 millones de dólares para Taipei que ya había aprobado, respondió que "aún no ha tomado una decisión". Semanas antes, ese paquete era presentado como un hecho consumado.

Boeing: el ejemplo más revelador

El caso de los aviones Boeing ilustra mejor que ningún otro la brecha entre las dos versiones. Trump anunció que China compraría 200 aviones, con posibilidad de llegar a 750. Las acciones de Boeing cayeron casi un 4% al conocerse la cifra, porque la industria esperaba al menos 500 aviones. Pero lo más revelador es lo que ocurrió después: ni el gobierno chino ni Boeing emitieron comunicados confirmando el acuerdo. Ninguno.

Expertos en aviación señalaron que China tiene el hábito de "empaquetar" pedidos viejos con anuncios nuevos durante visitas diplomáticas de alto nivel, para inflar las cifras. Wendy Cutler, ex representante adjunta de Comercio de EE.UU. y hoy en el Asia Society Policy Institute, fue directa: "Lo que esperábamos y no hemos visto es no solo la confirmación china de la compra de aviones, sino también otras mega-compras chinas, particularmente en los sectores agrícola y energético. Todos estos asuntos parecen estar todavía en proceso."

Craig Singleton, experto en China del Foundation for Defense of Democracies, resumió la cumbre con una frase que circuló ampliamente: "La cumbre produjo resultados modestos, vendibles y manejados, que es aproximadamente todo lo que la relación EE.UU.-China puede soportar en este momento."

El giro silencioso sobre el uranio iraní

Mientras Trump volaba de regreso a Washington, salió a la luz otro desarrollo que pasó casi desapercibido: en una entrevista con Sean Hannity de Fox News grabada el jueves, el presidente dijo algo que sus propios asesores no esperaban. Hannity le preguntó si EE.UU. consideraría apoderarse por la fuerza del stockpile de uranio enriquecido de Irán —unas 440 kilogramos enriquecidos al 60%, suficiente para fabricar entre 10 y 12 bombas nucleares. Trump respondió: "No creo que sea necesario, excepto desde un punto de vista de relaciones públicas."

Con esa frase, Trump pareció abandonar lo que había sido la justificación central de toda la guerra: que Irán no podía conservar su programa nuclear. Durante meses, la entrega o destrucción del stockpile iraní había sido presentada como condición innegociable para cualquier acuerdo de paz. Ahora el presidente la describía como algo que hacía "para las cámaras". Los negociadores iraníes tomaron nota inmediatamente.

Las fracturas en MAGA

La reacción más inesperada de la cumbre no vino de Irán ni de China, sino del propio movimiento MAGA. Steve Bannon, el estratega que ayudó a construir el trumpismo, dijo estar "en shock" por lo que vio en Pekín. "Xi empezó con una amenaza", dijo Bannon en su podcast, refiriéndose a las advertencias del líder chino sobre Taiwán. "Y Trump no respondió. Eso es una rendición." Otros conservadores hawkish señalaron que Trump viajó a China alabando a Xi como "un gran líder" mientras el líder chino no le devolvió ni un solo elogio comparable.

La grieta entre Trump y su base más dura sobre China es real y creciente. Para los halcones del Partido Republicano, la cumbre de Pekín fue una capitulación disfrazada de victoria comercial. Para Trump, fue el comienzo de "un futuro fantástico". La diferencia de percepción importa, porque son esos mismos halcones quienes más presionan por una política dura hacia Cuba.

Lo que significa para Cuba

Para La Habana, la lectura de la cumbre de Pekín es ambivalente. Por un lado, si Trump no pudo cerrar un acuerdo concreto y verificable con la segunda economía del mundo, su capacidad de presión sobre Cuba —una economía en colapso y sin palancas geopolíticas comparables— podría ser más limitada de lo que parece. El régimen cubano observa con atención cómo China, su principal socio estratégico, no cedió en ningún punto fundamental: no confirmó las compras de Boeing, no apoyó explícitamente la posición de EE.UU. sobre el uranio iraní, y no abandonó su compra de petróleo iraní.

Por otro lado, la acusación criminal en preparación contra Raúl Castro, la visita del director de la CIA John Ratcliffe a La Habana, y las nuevas sanciones firmadas esta semana son señales de que la presión sobre Cuba no depende del resultado de la cumbre con Xi. Son procesos paralelos que avanzan con su propia lógica. Y a diferencia de los acuerdos comerciales con China, que requieren confirmación y negociación, las sanciones y las acusaciones criminales no necesitan el visto bueno de nadie.

El régimen de Díaz-Canel enfrenta así una paradoja: su principal aliado geopolítico, China, acaba de demostrar que puede resistir la presión de Trump sin ceder en lo esencial. Pero Cuba no tiene las palancas económicas ni estratégicas que tiene China. El petróleo iraní que China compra vale cientos de miles de millones de dólares. Lo que Cuba puede ofrecer a Washington a cambio de alivio es incomparablemente menor.

La pregunta que nadie responde

Al cierre de esta edición, ni Boeing ni el gobierno chino han confirmado el pedido de 200 aviones. La tregua arancelaria entre EE.UU. y China vence en cinco meses y no fue extendida. El Estrecho de Ormuz sigue cerrado. Irán sigue sin entregar su uranio. Y Trump sigue sin decidir si venderá armas a Taiwán.

Lo que sí quedó claro en la cumbre de Pekín es que Xi Jinping llegó con una estrategia precisa: ofrecer atmósfera sin sustancia, calidez sin compromisos, y una "visión de estabilidad estratégica constructiva" que suena bien en los titulares pero no obliga a China a hacer nada concreto. Trump, por su parte, llegó con la necesidad de una victoria política y se fue con promesas verbales que nadie más ha confirmado.

En diplomacia, eso tiene un nombre: el que necesita el acuerdo más urgentemente es el que sale con menos. Esta semana, ese fue Donald Trump. Y si Trump sale debilitado de Pekín, el régimen cubano —que lleva décadas esperando que Washington se canse— tiene razones para pensar que puede aguantar un poco más.

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Autor

Redacción CubaHoy

Periodista y colaborador de Cuba, la libertad avanza, medio independiente dedicado a informar sobre la realidad cubana con rigor y compromiso con la libertad.

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Publicado el 16 de mayo de 2026 por Redacción CubaHoy