Remesas a Cuba: cómo Trump y el régimen dejaron a las familias sin dinero


Western Union suspendida, CADECA sin efectivo y más del 95% del dinero viajando por canales ilegales. Así quedaron las remesas a Cuba entre enero de 2025 y abril de 2026, atrapadas entre las sanciones de Trump y la ineficiencia del Estado cubano.
Desde enero de 2025, el flujo de dinero que millones de familias cubanas esperan cada mes desde el exterior se ha convertido en un laberinto de obstáculos, sanciones y promesas incumplidas. Las remesas —ese salvavidas económico que representaba entre el 2% y el 6% del PIB cubano y hasta el 50% de los ingresos de muchos hogares— han sufrido el golpe más duro de los últimos años. Y en el centro de la tormenta están dos actores que, paradójicamente, se culpan mutuamente: la administración Trump en Washington y el régimen de La Habana.
Para entender la magnitud del problema hay que partir de los números. Antes de las restricciones recientes, Cuba recibía entre 1.800 y 2.500 millones de dólares anuales en remesas, según estimaciones de centros de análisis como Havana Consulting Group e Inter-American Dialogue. Aproximadamente el 92% de ese dinero provenía de Estados Unidos, principalmente de la comunidad cubana en Miami, Nueva York y otras ciudades.
Western Union dominaba el mercado formal, canalizando la mayor parte de los envíos a través de Fincimex, una empresa estatal cubana vinculada a GAESA, el conglomerado militar-económico que controla entre el 60% y el 80% de la economía formal de la isla. Ese detalle —que el dinero enviado por las familias pasaba por manos militares— sería el detonante de todo lo que vino después.
Cuando Donald Trump regresó a la presidencia, su administración retomó la política de máxima presión sobre Cuba con una velocidad que tomó por sorpresa incluso a los analistas más críticos del régimen. Las medidas se fueron acumulando en cascada:
A principios de 2025, Cuba fue reinstaurada en la lista de países patrocinadores del terrorismo, lo que automáticamente activa restricciones financieras adicionales y complica cualquier transacción bancaria internacional que involucre a la isla.
El 31 de enero de 2025 llegó el golpe más directo: el Departamento del Tesoro sancionó a Orbit S.A., la empresa cubana que gestionaba las remesas y que operaba, según Washington, en nombre o bajo el control de los militares cubanos. La consecuencia fue inmediata: Western Union suspendió indefinidamente sus servicios de remesas a Cuba en febrero de 2025. De un día para otro, el canal formal más importante para el envío de dinero a la isla quedó cerrado.
En enero de 2026, la administración Trump fue más lejos con una Orden Ejecutiva que declaró "emergencia nacional" y estableció lo que algunos medios denominaron un "bloqueo quirúrgico" que afecta remesas, turismo, suministro de combustible y cooperación médica. Adicionalmente, se impuso un límite de 1.000 dólares trimestrales para envíos y se prohibieron las remesas no familiares —es decir, los envíos a personas que no sean parientes directos del remitente.
Congresistas cubanoamericanos como Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart han presionado para ir aún más lejos, pidiendo la suspensión completa de vuelos y remesas hasta que el régimen cubano muestre cambios políticos concretos.
El impacto en los números ha sido devastador. Fuentes independientes estiman que las remesas formales cayeron hasta un 70% en algunos periodos de 2025-2026. Pero el dinero no desapareció: simplemente cambió de canal.
Más del 95% de las remesas ahora llegan por vías informales: viajeros que llevan efectivo en la maleta, las llamadas "mulas" que cobran comisiones de entre el 10% y el 20%, transferencias en criptomonedas, y aplicaciones alternativas que operan en zonas grises de la regulación. Este desplazamiento masivo hacia la informalidad tiene consecuencias complejas:
Por un lado, el dinero sigue llegando a las familias, aunque con mayores costos y riesgos. Por el otro, el Estado cubano pierde el control sobre ese flujo de divisas, lo que agrava su crisis de liquidez. Y las familias sin acceso a redes informales —las más vulnerables, las más aisladas— quedan completamente desprotegidas.
En este contexto de caos financiero, el gobierno cubano anunció en abril de 2026 una medida que presentó como una solución: las remesas enviadas desde el exterior podrán cobrarse en dólares estadounidenses en efectivo en las oficinas de CADECA (Casas de Cambio). El anuncio prometía que el dinero llegaría "en minutos" y que solo se necesitaría un documento de identidad y un código de notificación para retirarlo.
La reacción de la población cubana fue, en su mayor parte, de escepticismo. Y con razones históricas muy concretas.
CADECA tiene un historial de promesas incumplidas. En años anteriores, el gobierno había anunciado medidas similares que luego resultaron imposibles de aplicar por falta de liquidez. La desconfianza se acumula también por las comisiones ocultas que han aparecido en operaciones anteriores, y por el temor —bien fundado en la experiencia cubana— a que el dinero simplemente "no esté disponible" cuando se vaya a retirar.
Las limitaciones prácticas del nuevo sistema son evidentes desde el primer día:
La disponibilidad de efectivo en cada sucursal depende de los dólares que esa oficina haya captado ese día. Si no hay dólares en caja, no hay retiro. No existe ninguna garantía de disponibilidad para todos los beneficiarios. A esto se suman los problemas crónicos del sistema cubano: apagones que dejan los sistemas informáticos sin electricidad, fallas técnicas recurrentes, largas colas que pueden durar horas o días, y una falta de liquidez estructural que ningún anuncio oficial puede resolver de un día para otro.
En grupos de WhatsApp y redes sociales, los cubanos dentro y fuera de la isla comparten sus experiencias con CADECA en términos que van del humor negro a la desesperación. "Llegué a las 7 de la mañana y me dijeron que no había dólares", "El sistema estaba caído", "Me dijeron que volviera mañana" son frases que se repiten con una regularidad que habla por sí sola.
"El mercado informal sigue dominando porque ofrece lo que el Estado no puede garantizar: rapidez, disponibilidad y menor riesgo de que el dinero desaparezca en el sistema."
La reducción de remesas formales no ocurre en el vacío. Se suma a una serie de golpes económicos simultáneos que están llevando a Cuba a uno de sus peores momentos desde el Período Especial de los años 90.
El turismo, otra fuente vital de divisas, también ha caído por las restricciones de viaje y la deteriorada infraestructura hotelera. El suministro de combustible se ha visto afectado por las presiones sobre Venezuela y otros países proveedores. La combinación de todos estos factores ha agravado la crisis energética, con apagones que en algunas zonas llegan a 20 horas diarias, y ha profundizado la escasez de alimentos, medicinas y bienes básicos.
Las familias receptoras de remesas —que en muchos casos usaban ese dinero para comprar alimentos en el mercado informal o para que sus pequeños negocios privados pudieran importar insumos— se encuentran ahora en una situación de mayor vulnerabilidad. El sector privado emergente, que el propio gobierno cubano ha intentado promover en los últimos años como válvula de escape económica, depende en gran medida de las divisas que llegan del exterior.
El gobierno cubano atribuye toda la crisis al "bloqueo" estadounidense, presentando las sanciones de Trump como un ataque directo a la población civil. Esta narrativa tiene una parte de verdad: las sanciones sí afectan directamente a familias que no tienen ninguna responsabilidad en las decisiones del régimen.
Pero los analistas independientes señalan que la historia es más compleja. La decisión de canalizar las remesas a través de Fincimex —una empresa controlada por los militares— fue una elección del propio régimen cubano, que durante años usó ese flujo de divisas para financiar al aparato militar-empresarial de GAESA. Las sanciones de Trump apuntan precisamente a ese vínculo, aunque el daño colateral recaiga sobre las familias.
Al mismo tiempo, los problemas de CADECA —la falta de liquidez, los sistemas caídos, la desconfianza generalizada— no son consecuencia del "bloqueo". Son el resultado de décadas de gestión económica deficiente, de un sistema bancario que no funciona, y de un Estado que ha demostrado repetidamente que no puede garantizar la disponibilidad de los servicios que promete.
En la práctica, las familias cubanas en Estados Unidos que quieren enviar dinero a sus parientes en la isla tienen opciones limitadas y ninguna es perfecta:
Los viajeros de confianza siguen siendo la opción más utilizada, aunque implica coordinar viajes, pagar comisiones y asumir el riesgo de que el efectivo sea confiscado en el aeropuerto. Las criptomonedas —especialmente USDT (Tether) y Bitcoin— han ganado terreno como alternativa, pero requieren conocimientos técnicos y acceso a internet que no todos tienen. Algunas aplicaciones de pago operan en zonas grises de la regulación y pueden ser bloqueadas en cualquier momento.
Para quienes están en Cuba, la recomendación práctica que circula en los grupos comunitarios es clara: no depender exclusivamente de CADECA. Tener múltiples opciones, mantener contacto con redes informales de confianza, y no contar con el dinero hasta tenerlo físicamente en la mano.
Hasta abril de 2026, no hay señales de que la situación vaya a mejorar en el corto plazo. Las sanciones de la administración Trump no muestran signos de ser levantadas, y el régimen cubano no ha dado pasos concretos hacia los cambios políticos que Washington exige como condición. Mientras tanto, las familias cubanas —en la isla y en el exilio— siguen pagando el precio de un conflicto político que lleva más de seis décadas sin resolverse.
Lo que sí es seguro es que las remesas, con todas sus dificultades, seguirán siendo el lazo más concreto y más humano entre los cubanos de aquí y los de allá. Mientras haya una familia cubana en Miami que quiera ayudar a sus parientes en La Habana, el dinero encontrará la manera de llegar. Aunque sea por caminos cada vez más tortuosos.
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Periodista y colaborador de Cuba, la libertad avanza, medio independiente dedicado a informar sobre la realidad cubana con rigor y compromiso con la libertad.

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Publicado el 15 de abril de 2026 por Redacción Cuba, la Libertad Avanza