Vecinos de Matanzas se enfrentan a la policía para defender a un menor golpeado por agentes de la PNR


Un joven que circulaba en motorina sin casco fue perseguido, derribado y golpeado por policías en Matanzas. Los vecinos salieron a la calle para defenderlo, confrontando directamente a los agentes en un episodio que refleja el creciente hartazgo social ante el abuso policial en Cuba.
Matanzas, Cuba — Un incidente policial en Matanzas generó indignación y reavivó el debate sobre el abuso de autoridad en Cuba. Todo comenzó cuando agentes de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) intentaron detener a un menor que circulaba en motorina sin casco. Al no obedecer, los policías lo persiguieron hasta hacerlo caer de la moto y luego lo redujeron con golpes y sujetándolo por el cuello.
La respuesta del barrio fue inmediata: decenas de vecinos salieron a la calle, rodearon la escena y confrontaron directamente a los agentes, exigiendo que cesara la agresión contra el adolescente. La presión popular logró frenar la situación.
Entre las críticas más repetidas destaca la selectividad en el uso de la fuerza. Los vecinos señalan al policía conocido como 'Lastre', integrante de la patrulla, y preguntan públicamente por qué su hijo —quien supuestamente circula sin licencia y usa combustible estatal— no enfrenta consecuencias similares.
Este episodio no es aislado. Forma parte de un patrón documentado en múltiples provincias cubanas donde el uso excesivo de la fuerza genera respuestas colectivas de rechazo.
El incidente en Matanzas no es un hecho aislado, sino un eco de una historia de represión sistemática y resistencia popular que ha marcado a Cuba durante décadas. Desde la consolidación del régimen castrista, la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) ha operado no solo como un cuerpo de seguridad ciudadana, sino como un brazo ejecutor de la voluntad política del Partido Comunista. Su función principal ha sido, y sigue siendo, mantener el control social y sofocar cualquier atisbo de disidencia o descontento. Este modus operandi se ha manifestado en innumerables ocasiones, desde las detenciones arbitrarias y los interrogatorios coercitivos hasta el uso desproporcionado de la fuerza contra manifestantes pacíficos.
La memoria colectiva cubana está plagada de episodios donde la brutalidad policial ha sido la respuesta a la desesperación o la protesta. Las imágenes de los disturbios del Maleconazo en 1994, o más recientemente, la represión brutal de las protestas del 11 de julio de 2021 (11J), son testimonios vivos de esta realidad. En el 11J, miles de cubanos salieron a las calles en más de 50 ciudades, exigiendo libertad y el fin de la dictadura. La respuesta del régimen fue una ola de violencia, detenciones masivas y juicios sumarios, con condenas draconianas para cientos de jóvenes, muchos de ellos menores de edad. La PNR, junto a las brigadas de respuesta rápida y la seguridad del estado, actuó con una ferocidad que dejó claro el mensaje: cualquier desafío al poder será aplastado sin contemplaciones. El caso de Matanzas, aunque de menor escala, se inscribe en esta misma lógica, demostrando que la impunidad y el abuso son pilares de la gobernanza cubana.
La indignación de los vecinos de Matanzas ante el maltrato a un menor es un reflejo de la erosión de la confianza en las instituciones del estado, especialmente en la PNR. En un sistema donde la justicia es selectiva y la rendición de cuentas es inexistente para los agentes del orden, la impunidad se convierte en una herramienta de control social. El
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Periodista y colaborador de Cuba, la libertad avanza, medio independiente dedicado a informar sobre la realidad cubana con rigor y compromiso con la libertad.

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Publicado el 22 de marzo de 2026 por Nicole